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Iremos a vivir en el campo, trabajaremos todos desde la casa, dejaremos de encontrarnos en espacios públicos: tal vez como reacción a la incertidumbre que estamos viviendo, los debates sobre las ciudades que vendrán después de la pandemia son un caleidoscopio de escenarios utópicos.

Para muchos la pandemia es y será la ocasión para reflexionar sobre el modo en que vivimos y sobre los espacios que moldean nuestras existencias.

En los periodos de lockdown, pasamos en casa semanas enteras y nos damos cuenta de que la vivienda ha sido pensada como dormitorios o poco más. Trabajamos y estudiamos a la distancia, mientras extrañamos los espacios donde poder aprender y ser creativos juntos a nuestros pares. Hacemos compras online, mientras recordamos la sorpresa cotidiana del encuentro casual en la calle y la conversa en la caja del supermercado. Ponemos entonces en discusión nuestra cotidianidad y los espacios que la hospedan.

Aunque la pandemia nos haga creer que los lugares en que vivimos estén destinados a cambiar radicalmente, las primeras experiencias de reactivación muestran que a menudo se vuelve a una normalidad bien lejana de la utopía. ¿En qué manera entonces podemos hacer nuestras ciudades mejores de como las dejamos antes de esta crisis sanitaria? ¿Cuáles son los desafíos fundamentales que emergen con urgencia para mejorar los lugares en que vivimos?

La pregunta es aún más complicada si pensamos en la evolución de la pandemia a nivel mundial: mientras África aparentemente resiste al virus, Europa y Asia tratan de evitar una segunda ola de contagios y América todavía enfrenta la primera. Frente a la multiplicidad de los lugares que habitamos y de los desafíos sociales a enfrentar, paradójicamente la solución es no tener una solución. Se hace necesario habitar un lugar leyendo sus desafíos y descubriendo sus recursos, para detectar los horizontes posibles hacia los cuales orientar nuestras ciudades.

Este es el desafió que Diálogos en Arquitectura, laboratorio de reflexión en torno a la relación entre espacio y sociedad, ha enfrentado desde el comienzo de la pandemia: con un seminario virtual, ha recolectado experiencias de distintas ciudades que, en el Norte y en el Sur del mundo, han vivido la primera etapa de la emergencia sanitaria. La cuarentena mundial, diferente por tiempos y formas de país a país, levanta problemas y evidencia contradicciones que cuestionan nuestra manera de habitar, con temas en común entre Norte y Sur del mundo.

La casa es el espacio que más se transforma en la cuarentena: tiene que ser al mismo tiempo hogar, oficina, salón de clase, gimnasio, hasta hospital para quienes necesiten cuidado. Pero la casa no se identifica con las solas paredes de la vivienda: hay quien puede considerar como casa el pequeño edificio en donde vive, aprovechando de los espacios comunes utilizables también en cuarentena, y quien tiene que buscar un pequeño espacio para si en una casa superpoblada.

Además, no todos pueden responder a la invitación de los gobiernos a quedarse en casa para evitar la difusión del contagio, sea por la necesidad de seguir trabajando o de acceder a servicios fundamentales que no se encuentran en el propio barrio. También la comunidad toma un rol fundamental, para enfrentar – juntos– las muchas necesidades que surgen debido al contagio y a la recesión económica.

La colaboración con los vecinos se vuelve la herramienta con que cuidar los miembros más vulnerables de una comunidad, autoproducir bienes de primera necesidad, o reactivar espacios centrales para la vitalidad de los barrios una vez que habremos realmente superado la emergencia. La nueva normalidad que vendrá después de la pandemia trae consigo un potencial transformativo, también para nuestras ciudades.

Observar el comportamiento y las experimentaciones en desarrollo en varios países es fundamental para hacer volver a funcionar los lugares en que vivimos. La nueva normalidad puede también garantizar una mejor calidad de vida: Paris, Milán, Barcelona y Bogotá son solo algunas de las ciudades que, con la excusa de realizar ciclovías e intervenciones de emergencia, están transformando sus espacios públicos y contribuyendo a barrios en donde los servicios básicos sean accesibles en pocos minutos.

La emergencia sanitaria relacionada con el COVID-19 hace necesario reactivar nuestras ciudades, pero nos da también la oportunidad única de repensar los espacios en que vivimos y anticipar las grandes transformaciones relacionadas con el cambio climático y nuevos modelos económicos. Entonces, una vez que saldremos de la pandemia no huiremos de la ciudad: al contrario, si somos valientes volveremos a vivir en casas y ciudades mejores de las que hemos conocido hasta ahora.

 

Giovanni Vecchio

Fonte: Città Nuova

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